La evolución de la construcción sismorresistente en México: lecciones de los terremotos

México se encuentra en una de las regiones sísmicamente más activas del mundo. A lo largo de su historia, distintos terremotos han puesto a prueba edificios, infraestructura y sistemas de prevención, pero también han contribuido a desarrollar nuevos conocimientos sobre ingeniería sísmica y construcción sismorresistente en México.
Entre los acontecimientos que marcaron esta evolución destacan los terremotos de 1957, 1985 y 2017. Cada uno dejó daños y pérdidas, pero también información que permitió estudiar el comportamiento de las estructuras y mejorar progresivamente los criterios de diseño, construcción y prevención.
La historia de estos terremotos permite entender una idea fundamental: la construcción sismorresistente no es el resultado de una sola tecnología o material, sino de décadas de aprendizaje, investigación, reglamentación y buenas prácticas constructivas.
1957: el terremoto que impulsó una nueva etapa de la ingeniería sísmica
El 28 de julio de 1957, un terremoto de magnitud aproximada de 7.8 afectó principalmente la zona central de México. El acontecimiento quedó grabado en la memoria colectiva como el “Sismo del Ángel”, debido a la caída de la Victoria Alada que coronaba la Columna de la Independencia en Ciudad de México.
Pero la importancia del terremoto de 1957 fue mucho más allá de ese símbolo.
El sismo permitió analizar el comportamiento de diferentes tipos de construcciones y evidenció que las características del terreno, el diseño estructural y la forma en que se ejecutaban las obras podían influir considerablemente en su respuesta ante un movimiento sísmico.
Uno de los casos estudiados fue el colapso de una parte de la antigua Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional. Las investigaciones posteriores identificaron, entre otros aspectos, problemas relacionados con la disposición y colocación del acero de refuerzo y con elementos de las conexiones estructurales.
La experiencia contribuyó al desarrollo de la ingeniería sísmica mexicana y a la incorporación progresiva de nuevos criterios para el diseño y construcción de estructuras. La Universidad Nacional Autónoma de México considera el sismo de 1957 como un acontecimiento fundamental para el desarrollo de la ingeniería sísmica basada en experiencias y datos obtenidos en México.
La lección constructiva de 1957
Una de las enseñanzas más importantes fue que el cálculo estructural y la ejecución de la obra deben estar estrechamente relacionados.
No basta con que una estructura sea correctamente diseñada en planos. Durante la construcción, el acero, las conexiones, los elementos de concreto y todos los componentes deben ejecutarse de acuerdo con las especificaciones del proyecto.
Esta relación entre diseño y ejecución se convertiría en uno de los principios fundamentales de la construcción moderna.

1985: el terremoto que transformó la construcción y la prevención
El 19 de septiembre de 1985, México vivió uno de los terremotos más devastadores de su historia reciente.
La Ciudad de México sufrió daños importantes debido, entre otros factores, a las características particulares del movimiento sísmico y a las condiciones del suelo de la ciudad.
El terremoto puso nuevamente bajo análisis el comportamiento de las edificaciones y reveló vulnerabilidades relacionadas con diferentes sistemas estructurales y tipos de construcción.
La magnitud de la tragedia produjo cambios importantes en México. Se fortalecieron las políticas de protección civil y se impulsaron nuevas investigaciones relacionadas con el riesgo sísmico.
También se revisaron criterios y reglamentos de construcción.
La experiencia de 1985 reforzó una idea que ya había comenzado a desarrollarse después de 1957: las normas de construcción deben evolucionar conforme aumenta el conocimiento sobre los terremotos y el comportamiento de las estructuras.
La lección constructiva de 1985
El terremoto demostró que no existe una única variable responsable del comportamiento de una edificación.
La respuesta de una estructura depende de múltiples factores: características del suelo, diseño, sistema estructural, materiales, antigüedad, mantenimiento y calidad de la ejecución, entre otros.
Por eso, construir para una zona sísmica requiere considerar el riesgo desde las primeras etapas del proyecto.

2017: una nueva generación de aprendizajes
El 19 de septiembre de 2017, México volvió a experimentar un terremoto de gran impacto.
El sismo afectó diferentes entidades del país y provocó daños en numerosas edificaciones.
Para la comunidad de ingeniería, arquitectura y construcción, el evento significó una nueva oportunidad para estudiar el comportamiento de las estructuras y comparar los resultados con décadas de conocimiento acumulado.
Las evaluaciones posteriores permitieron identificar diferentes tipos de daños y analizar factores relacionados con el diseño, los materiales y los procesos constructivos.
Una vez más apareció una lección que México ya había aprendido en 1957 y 1985: la seguridad estructural depende tanto de un buen diseño como de una correcta ejecución.

De los grandes sistemas estructurales a los detalles constructivos
Cuando se habla de construcción sismorresistente, normalmente se piensa en grandes conceptos: cimentaciones, columnas, trabes, muros estructurales, concreto y acero.
Sin embargo, una estructura también depende de numerosos detalles que deben ejecutarse correctamente.
Uno de ellos es la posición del acero de refuerzo dentro de los elementos de concreto.
El acero debe colocarse de acuerdo con las especificaciones del proyecto y conservar su posición durante el proceso de colado. Para ello existen diferentes sistemas de apoyo y separación, entre ellos las silletas para construcción y los separadores para concreto.
Las silletas permiten mantener determinadas barras o mallas a la altura especificada y ayudan a conseguir el recubrimiento de concreto previsto en el diseño.
Es importante aclarar que una silleta no sustituye el diseño estructural ni determina por sí misma la resistencia sísmica de una edificación. Su función es mucho más específica: ayudar a que el acero de refuerzo conserve la posición indicada durante la ejecución del elemento de concreto.
Ese detalle forma parte de una cadena mucho más grande de buenas prácticas.
La importancia del recubrimiento y la correcta posición del acero
El recubrimiento de concreto es la distancia entre la superficie exterior del elemento y el acero de refuerzo.
Su dimensión se establece de acuerdo con las características del elemento y las especificaciones aplicables al proyecto.
Mantener el acero en la posición prevista durante el colado es, por lo tanto, una parte importante del proceso constructivo.
Aquí es donde los accesorios aparentemente pequeños adquieren relevancia.
Una silleta para varilla, un separador o un apoyo adecuado puede ayudar a evitar que el acero se apoye directamente sobre la cimbra o se desplace durante el colado.
La enseñanza es sencilla: la calidad de una estructura también depende de la calidad con la que se ejecutan sus detalles.
Las lecciones de tres terremotos
Si observamos en conjunto los terremotos de 1957, 1985 y 2017, podemos identificar una evolución.
En 1957, el terremoto impulsó nuevas investigaciones y conocimientos sobre el comportamiento de las estructuras mexicanas.
En 1985, la magnitud de los daños generó una transformación profunda en la forma de entender el riesgo, la protección civil y la regulación de las construcciones.
En 2017, las nuevas evidencias permitieron volver a analizar los criterios existentes y estudiar cómo habían respondido las estructuras construidas bajo diferentes generaciones de reglamentos.
Los tres acontecimientos tienen algo en común: cada terremoto proporcionó información para construir mejor en el futuro.
¿Qué significa construir de manera sismorresistente?
Construir de manera sismorresistente no significa simplemente utilizar más concreto o más acero.
Significa diseñar y construir considerando las características sísmicas del lugar y respetando las especificaciones estructurales correspondientes.
También implica cuidar la ejecución: desde la cimentación hasta las conexiones, desde la colocación del acero hasta el colado del concreto.
En este proceso participan ingenieros, arquitectos, calculistas, supervisores, contratistas, fabricantes y trabajadores de obra.
Cada uno forma parte de una cadena de decisiones que debe funcionar de manera coordinada.
La prevención empieza en el proyecto y continúa en la obra
La historia sísmica de México demuestra que la prevención no comienza cuando suena una alerta sísmica.
Comienza mucho antes.
Empieza con los estudios del terreno, continúa con el diseño estructural, sigue con la selección de materiales y llega hasta la ejecución de cada elemento en la obra.
Por eso, conceptos como calidad constructiva, acero de refuerzo, recubrimiento de concreto, silletas, separadores y supervisión de obra forman parte de una misma conversación.
Ninguno sustituye al otro. Todos cumplen funciones diferentes dentro de un proceso constructivo integral.

La importancia de cuidar cada detalle
En una obra de concreto reforzado, mantener el acero en la posición indicada es parte de la correcta ejecución del proyecto.
Las silletas y separadores para concreto son soluciones diseñadas para proporcionar apoyo y separación al acero de refuerzo durante diferentes procesos constructivos.
SIMEX, Silletas y Espaciadores de México, desarrolla este tipo de soluciones para la industria de la construcción, con productos destinados a ayudar a mantener la posición del acero y facilitar el cumplimiento de los requerimientos de recubrimiento establecidos para cada proyecto.
La selección de una silleta o separador debe realizarse considerando las características específicas del elemento, el tipo de acero, el sistema constructivo y las especificaciones del proyecto.
Una historia que continúa construyéndose
Los terremotos cambiaron la manera en que México entiende el riesgo sísmico.
Cada generación de ingenieros, arquitectos y constructores ha recibido conocimientos de la generación anterior y los ha complementado con nuevas investigaciones, tecnologías y experiencias.
La evolución de la construcción sismorresistente en México es, en buena medida, la historia de ese aprendizaje.
La principal lección que nos dejan los terremotos es que la seguridad estructural no depende de un solo elemento. Depende de una combinación de conocimiento, diseño, normatividad, materiales adecuados, supervisión y correcta ejecución.
Y esa responsabilidad llega hasta los detalles.
Porque una estructura comienza a resistir un terremoto mucho antes de que ocurra: comienza desde la manera en que fue diseñada y continúa con la manera en que cada uno de sus elementos fue construido.