Torre Mítikah: la ingeniería detrás de 265.8 metros y los retos de construir en México

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¿Qué hay detrás de los 265.8 metros de altura de la Torre Mítikah? Mucho más de lo que podemos observar desde la calle.

Detrás de uno de los edificios más altos de México existe una combinación de arquitectura, ingeniería estructural, estudios del terreno, cimentación, concreto, acero de refuerzo, sistemas de contención, logística y miles de decisiones tomadas durante años de construcción.

La Torre Mítikah es, en ese sentido, un ejemplo de los enormes retos que implica construir verticalmente en una ciudad como México y de cómo la ingeniería debe encontrar soluciones para convertir un proyecto arquitectónico en una estructura capaz de responder a las condiciones de su entorno.

Y en una obra de esta magnitud, cada elemento cuenta.

265.8 metros de altura que comienzan bajo tierra

La Torre Mítikah se encuentra en Xoco, al sur de Ciudad de México, y alcanza una altura de 265.8 metros de acuerdo con el registro del Council on Tall Buildings and Urban Habitat (CTBUH).

Pero una estructura de esta magnitud no comienza en el nivel más alto.

Comienza en el terreno.

Uno de los principales retos de construir un edificio de gran altura en Ciudad de México consiste en considerar las características particulares del subsuelo. Las condiciones geotécnicas de la capital hacen que la cimentación sea una parte especialmente importante de cualquier proyecto de gran escala.

En el caso de Mítikah, la documentación técnica disponible describe trabajos relacionados con cimentación, muros de contención y conexiones estructurales, además de soluciones para las condiciones del terreno de la zona.

Esto permite entender uno de los principios fundamentales de la construcción vertical:

cuanto más complejo es el edificio que se quiere construir arriba, mayor importancia adquiere la ingeniería que permite sostenerlo desde abajo.

Construir en Ciudad de México: un reto de ingeniería

Ciudad de México presenta condiciones particulares para la construcción debido a sus características geológicas y sísmicas.

En un edificio de gran altura, los ingenieros deben estudiar cómo transmitir las cargas hacia el terreno y cómo responde la estructura ante diferentes acciones.

El peso propio del edificio es solamente una parte del problema.

También deben considerarse las cargas de ocupación, las condiciones del suelo, el viento y las acciones sísmicas correspondientes al sitio.

Por eso, una torre como Mítikah no puede entenderse únicamente como una obra arquitectónica.

Es un sistema de ingeniería en el que cimentación, estructura, concreto, acero y conexiones deben trabajar de manera coordinada.

Cuando el acero de refuerzo se convierte en protagonista

Gran parte de la estructura de un edificio de concreto reforzado permanece oculta una vez terminada la construcción.

No vemos las barras de acero que quedaron dentro de las losas.

Tampoco vemos los elementos que ayudaron a mantenerlas en posición durante el armado y el colado.

Sin embargo, esos componentes forman parte del proceso que permite convertir los planos y especificaciones estructurales en una obra física.

El acero de refuerzo debe colocarse de acuerdo con el proyecto y conservar su posición durante las diferentes etapas de construcción.

Ahí es donde entran las silletas y separadores para concreto.

La importancia de mantener el acero en su posición

Durante la construcción de una losa, una cimentación, una columna o cualquier otro elemento de concreto reforzado, las barras de acero deben mantenerse en la posición establecida por el diseño.

El problema es que durante el armado y, especialmente, durante el colado, pueden producirse desplazamientos si el acero no cuenta con los apoyos adecuados.

Por eso existen elementos auxiliares como las silletas para construcción y los separadores de concreto.

Su función es proporcionar apoyo y separación para ayudar a mantener el acero de refuerzo en la posición prevista y conseguir el recubrimiento especificado.

Esto puede parecer un detalle pequeño frente a una estructura de 265.8 metros.

Pero precisamente ahí está una de las grandes enseñanzas de la construcción vertical:

un edificio extraordinario también se construye a partir de miles de detalles que deben ejecutarse correctamente.

Cuando la ingeniería se convierte en realidad

En un proyecto de la magnitud de la Torre Mítikah, llevar la ingeniería del papel a la obra requiere mucho más que grandes equipos y materiales estructurales.

Cada elemento especificado en el proyecto debe encontrar su equivalente en la ejecución: el acero debe colocarse en la posición indicada, los recubrimientos deben respetarse y los diferentes componentes deben mantenerse en las condiciones previstas durante las distintas etapas de construcción.

Es precisamente en esa transición entre lo que se diseña y lo que finalmente se construye donde adquieren relevancia los productos especializados para el armado de concreto.

En la construcción de la Torre Mítikah, SIMEX participó como proveedor de materiales, formando parte de esta cadena de suministro que hizo posible llevar a obra las soluciones necesarias para la correcta ejecución de los elementos de concreto.

La experiencia en un proyecto de esta escala representa también una muestra de la importancia que tienen los componentes que normalmente quedan ocultos una vez terminada una edificación.

Las silletas y separadores pueden desaparecer de nuestra vista cuando el concreto ha sido colado, pero durante la construcción cumplen una función concreta: ayudar a mantener el acero de refuerzo en la posición especificada y contribuir al recubrimiento previsto para cada elemento.

Así, detrás de los 265.8 metros de la Torre Mítikah no solamente existen grandes decisiones de arquitectura e ingeniería. También existe una extensa cadena de materiales, procesos y detalles constructivos que tuvieron que coordinarse para transformar el proyecto en una estructura real.

Porque en una obra de gran escala, cada componente —por pequeño que parezca— forma parte de un resultado mucho más grande.

El recubrimiento: centímetros que forman parte del diseño

Una vez terminado el edificio, nadie puede ver la mayoría de los elementos que quedaron dentro del concreto.

Sin embargo, el hecho de que no sean visibles no significa que carezcan de importancia.

El recubrimiento de concreto forma parte de las especificaciones del elemento estructural y, entre otras funciones, contribuye a proteger el acero de refuerzo frente a las condiciones a las que estará expuesto.

Para conseguirlo, es necesario mantener las barras a la distancia prevista respecto de las superficies del elemento.

Las silletas y separadores son algunos de los accesorios utilizados para proporcionar ese apoyo durante la ejecución.

Por supuesto, estos elementos no sustituyen el cálculo estructural ni determinan por sí mismos la seguridad de un edificio. Su función es mucho más concreta: ayudar a ejecutar correctamente el armado especificado en el proyecto.

La cimentación y la estructura tienen que trabajar como un sistema

Uno de los aspectos más interesantes de un proyecto como Mítikah es que la estructura no puede analizarse de manera aislada.

Las cargas generadas en los niveles superiores deben transmitirse a través de los elementos estructurales hasta llegar a la cimentación y, finalmente, al terreno.

Podemos imaginarlo como una cadena:

losa → elementos estructurales verticales → cimentación → terreno.

Cada componente tiene una función específica.

Si se modifica una parte del sistema sin considerar el conjunto, pueden cambiar las condiciones para las cuales fue diseñada la estructura.

Por eso, en edificios de gran altura, la coordinación entre especialidades adquiere una importancia enorme.

La construcción de gran altura también es un reto logístico

Hay otro desafío que no siempre aparece en las fotografías: construir a cientos de metros de altura requiere una logística completamente distinta a la de una obra convencional.

Los materiales deben llegar al punto exacto de la obra en el momento adecuado.

El acero debe almacenarse, habilitarse y colocarse.

El concreto debe producirse y suministrarse de acuerdo con las necesidades del proyecto.

Las cuadrillas deben coordinarse.

La maquinaria debe operar dentro de espacios limitados.

Y cada actividad tiene que integrarse con las demás.

En una obra vertical, un pequeño retraso en una etapa puede afectar varias actividades posteriores.

Por eso, la construcción de un rascacielos no es solamente un desafío de ingeniería: también es un desafío de planeación, logística y control de calidad.

265.8 metros: una estructura diseñada para su entorno

Un edificio alto no enfrenta únicamente su propio peso.

También debe considerar las acciones producidas por su entorno.

El viento adquiere especial relevancia conforme aumenta la altura, mientras que en Ciudad de México el diseño debe considerar además las condiciones sísmicas particulares de la ciudad.

Esto obliga a que la geometría, los sistemas estructurales, las conexiones y la cimentación sean estudiados como parte de un sistema integral.

La arquitectura, por lo tanto, no puede separarse completamente de la ingeniería.

La forma que vemos desde la calle es el resultado visible de una serie de decisiones que también tienen implicaciones estructurales.

Mítikah como ejemplo de construcción vertical en México

La Torre Mítikah comenzó su desarrollo en 2008 y atravesó diferentes etapas antes de su finalización. La Ciudad de México señala que el proyecto continuó, con interrupciones, hasta completarse a mediados de 2021.

El proyecto arquitectónico está asociado al despacho de César Pelli, mientras que la información del proyecto identifica a distintos especialistas nacionales e internacionales involucrados en arquitectura, diseño estructural e interiores.

El resultado es una estructura que se convirtió en uno de los referentes de la construcción vertical contemporánea de México.

Pero quizás lo más interesante no sea únicamente su altura.

Es todo lo que tuvo que ocurrir para conseguirla.

¿Qué podemos aprender de Mítikah?

La Torre Mítikah permite extraer varias lecciones importantes para la industria de la construcción.

La primera es que la ingeniería comienza mucho antes de colocar el primer elemento visible del edificio.

La segunda es que las condiciones del terreno son determinantes para elegir una solución de cimentación.

La tercera es que una estructura de gran altura requiere coordinación entre múltiples disciplinas.

Y la cuarta es que los detalles constructivos importan.

El acero de refuerzo, los recubrimientos, las conexiones, los apoyos y los separadores son parte de esa enorme cadena que transforma un diseño estructural en una construcción real.

Grandes proyectos, grandes responsabilidades

Participar como proveedor en un proyecto de la magnitud de Mítikah representa para SIMEX una experiencia vinculada a una industria donde las necesidades de cada obra pueden ser diferentes y donde la selección de una solución debe considerar las características específicas del proyecto.

La experiencia en proyectos de diferentes características permite entender que las silletas y separadores no deben seleccionarse únicamente por precio o disponibilidad.

La aplicación, el diámetro del acero, el recubrimiento requerido, el tipo de elemento y las condiciones de la obra son factores que deben considerarse.

En este sentido, cada proyecto plantea sus propios retos y exige soluciones que respondan a sus especificaciones.

Los grandes edificios también se construyen con pequeños detalles

Cuando miramos los 265.8 metros de la Torre Mítikah, es fácil pensar únicamente en la escala del edificio.

Sin embargo, detrás de cada nivel existen miles de elementos que tuvieron que ser fabricados, transportados, colocados y revisados.

Entre ellos se encuentran componentes que, aunque desaparecen de nuestra vista una vez terminada la obra, cumplen una función durante el proceso constructivo.

Las silletas y separadores para concreto son un ejemplo.

En SIMEX, Silletas y Espaciadores de México, desarrollamos soluciones para ayudar a mantener el acero de refuerzo en la posición requerida durante el armado y colado de elementos de concreto.

Porque la construcción de grandes estructuras no solamente depende de grandes decisiones de ingeniería.

También depende de hacer correctamente los pequeños detalles.

265.8 metros construidos a partir de miles de decisiones

La próxima vez que observes la Torre Mítikah, sus 265.8 metros pueden verse simplemente como una cifra.

Pero detrás de esa cifra existe un proyecto de ingeniería, estudios del terreno, cimentación, concreto, acero, conexiones, logística, supervisión y miles de decisiones tomadas durante años de construcción.

También existe una extensa cadena de proveedores y especialistas que hicieron posible llevar cada solución hasta la obra y convertir las especificaciones del proyecto en elementos físicos.

Entre ellos estuvo SIMEX, como proveedor de materiales para la construcción de la Torre Mítikah.

Porque los grandes edificios no se construyen solamente con grandes ideas, también se construyen con miles de pequeños detalles ejecutados correctamente.